Miércoles, 25 de Octubre de 2006
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El sábado pasado el papa Benedicto, en la inauguración del año académico de la Universidad Pontifica Lateranense, envió a la comunidad científica allí reunida y por extensión a la del resto del mundo, un mensaje de advertencia. Según él creyendo sólo en la “inteligencia artificial” y la tecnología los científicos corren el riesgo tener el mismo destino que el mítico Ícaro que voló demasiado cerca del sol.
En la mitología griega, Ícaro es hijo del arquitecto Dédalo, constructor del laberinto de Creta. Fue encarcelado junto a él en una torre de Creta por el rey de la isla, Minos. Dédalo se puso a trabajar para fabricar alas para él y su joven hijo Ícaro. Enlazó plumas entre sí y aseguró las más grandes con hilo y las más pequeñas con cera. Cuando ambos estuvieron preparados para volar, Dédalo advirtió a Ícaro que no volase demasiado alto porque el calor del sol derretiría la cera. Pasaron Samos, Delos y Lebintos, y entonces el muchacho comenzó a ascender. El ardiente sol ablandó la cera que mantenía unidas las plumas y éstas se despegaron. Ícaro agitó sus brazos, pero no quedaban suficientes plumas para sostenerlo en el aire y cayó al mar.
Este mito pertenece a los varios existentes sobre el castigo que los dioses deparan a aquellos que osan seguir el camino “erroneo”. Como éste tenemos el mito de Prometeo que robó el fuego a los dioses, el árbol de la ciencia del bien y del mal del Génesis, Frankenstein de Mary Shelley, así como otras novelas y películas en tiempos más modernos, entre las cuales “Parque Jurásico” representó un éxito de público.
Según el papa “la vida contemporánea otorga un puesto de honor a una inteligencia artificial esclavizada a las técnicas experimentales, y por tanto olvidando que toda ciencia debe salvaguardar la humanidad y promover su tendencia a la autentica divinidad.”
El papa fue profesor de teología y un defensor de los dogmas del Vaticano antes de ser elegido papa el año pasado. En el pasado ha manifestado su preocupación sobre ciertas áreas de investigación. Como su predecesor está en contra de la investigación sobre células madre obtenidas de embriones, que según los investigadores del campo representa una gran promesa (y casi única) para la curación de enfermedades degenerativas, paraplejias, diabetes,… El Vaticano se opone a este tipo de técnicas porque según ellos la vida humana comienza en el mismo momento de la concepción.
El papa, recordando la historia de Ícaro, intenta exponer el castigo reservado a los que vuelan demasiado alto. Según él “permitir el dejarse seducir por los descubrimientos sin prestar atención a los criterios de una visión más profunda puede desembocar en un drama como el mito que he mencionado.”
Ratzinger fue desde 1981, en que Juan Pablo II lo nombró, Prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe (antigua Inquisición), cargo que le renovó de forma indefinida. Fue la mano derecha del anterior Pontífice y compartía con Wojtyla su acérrima defensa del dogma y la ultraortodoxia católica aunque no su carisma. Recientemente despidió al jesuita George Coyne, director del observatorio astronómico del Vaticano durante 28 años, después de que éste diera unas clases sobre evolución en las cuales cuestionaba la política supuestamente favorable de la actual iglesia hacia el “diseño inteligente”.
Según los portavoces católicos el actual papa sólo “apoya el debate” sobre evolución. Este acto vino precedido el año pasado por un artículo de Christoph Schonborn publicado en The New York Times en el que apoyaba el diseño inteligente. Christoph Schonborn, que fue además uno de los artífices del catecismo de 1992, ha afirmado que el darwinismo es incompatible con la Iglesia Católica y que la evolución ha terminado siendo una ideología ateísta.
Todos estos hechos han aumentado la preocupación de que el Vaticano haya cambiado de algún modo de rumbo en su tolerancia de la teoría científica de la evolución. Ya el año pasado un grupo de biólogos mandaron una carta abierta al pontífice sobre la preocupación de una posible involución en la iglesia católica.
Las relaciones entre la iglesia católica y la ciencia han sido difíciles en el pasado, casos como el de Galileo Galilei, fundador del método científico, así lo atestiguan.
En NeoFronteras: Diseño inteligente.
PUBLICADO CON FINES EDUCATIVOS
"Richard Nixon, prestigioso historiador, lo tenía claro. En 1972, cuando era presidente de los Estados Unidos, dictó a sus colaboradores más cercanos un curso relámpago sobre la decadencia de Grecia y Roma: ¿Ustedes saben lo que pasó con los griegos? ¡La homosexualidad los destruyó! Seguro. Aristóteles era homo. Todos lo sabemos. Y también Sócrates. ¿Ustedes saben lo que pasó con los romanos? Los últimos seis emperadores eran maricones.
En 1513, siglos antes de esta lección magistral, Vasco Núñez de Balboa había arrojado a cincuenta indios a las bocas de los perros que los destriparon, «porque para ser mujeres sólo les faltan tetas y parir».
Eran los tiempos de la Santa Inquisición. Tiempos de nunca acabar. En España, la Inquisición duró tres siglos y medio. La herejía de la diversidad, en todas sus formas, fue condenada a suplicio o muerte en varios lugares de Europa y de América. Muchos homosexuales, hombres y mujeres, fueron quemados vivos. La hoguera los redujo a cenizas «para que de ellos no haya memoria».
La sagrada familia. En vez de pedir perdón a sus víctimas, la Iglesia católica repite las antiguas maldiciones. Recientemente, la Santa Inquisición, que ahora se llama Congregación para la Doctrina de la Fe, lanzó desde el Vaticano una campaña mundial contra el matrimonio de parejas homosexuales, «una grave inmoralidad que contradice el plan de Dios y la ley natural».
Leyendo esta última condenación del Vaticano, a uno le vienen ganas de preguntar a los sexólogos celestiales: si el matrimonio heterosexual es una «ley natural», ¿por qué ustedes no se casan? Y si los homosexuales contradicen «el plan de Dios», ¿POR QUÉ DIOS LOS HIZO ASÍ?
Entre todos los placeres que merecen el infierno, el amor homosexual es, todavía, el más ferozmente reprimido. El machismo y la estupidez armada han disfrazado de normalidad esta atrocidad, y la han convertido en costumbre. En más de setenta países, la ley castiga las relaciones homosexuales. En muchos, con cárcel. En algunos, con flagelación o pena de muerte. En otros, donde la pena de muerte no es legal, los escuadrones parapoliciales y los enfermos de fanatismo cumplen sus ceremonias de purificación: limpian las calles torturando, mutilando y asesinando a quienes, por el solo hecho de existir, constituyen un escándalo público.
Los gays y las lesbianas están malditos en la tierra y en el cielo. Hace cinco años, el primer ministro de Malasia llegó a denunciar que eran una amenaza para la seguridad nacional. En el Más Allá, también tienen cerrada la puerta. Como escuché decir a la madre de una joven lesbiana: «Lo que más me duele es saber que no estaremos juntas en el Paraíso».
Pero ellos y ellas, los raros, los despreciados, están generando, ahora, algunas de las mejores noticias que nuestro tiempo trasmite a la historia. Armados con la bandera del arco iris, símbolo de la diversidad humana, ellas y ellos están volteando una de las más siniestras herencias del pasado. Los muros de la intolerancia empiezan a caer.
Esta afirmación de dignidad, que nos dignifica a todos, nace del coraje de ser diferentes y del orgullo de serlo".
Hago eco del llamado de Maricarmen: un saludo a los y las hetero,bi,homo y transexuales.